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Lectura, televisión, ordenadores, consolas… ¿son incompatibles?
Ordenador, libro y televisor

Indudablemente, para la mayoría de niños y jóvenes la televisión, el ordenador o la consola de juegos ocupan una parte importante de su tiempo. Está claro, también, que la excesiva dedicación a estas actividades resta tiempo a la lectura, a la relación libre y personal con los libros. Sin embargo, ante nuestros hijos no deberíamos plantearlas como actividades contrapuestas, sino como actividades distintas. Todas pueden ser propuestas atractivas para el tiempo libre, en su medida, a su tiempo.

Los padres tienen un papel fundamental en las costumbres de sus hijos en relación con la televisión, los ordenadores o las consolas. Con frecuencia, las familias son responsables del exceso de televisión u ordenador en el hogar. Padres y madres deben ser una guía para seleccionar (enseñar a elegir calidad), interpretar (discernir realidad y ficción), regular los tiempos (apagar y buscar otra actividad) y establecer posibles puentes con los libros (descubrir la misma historia de una película en un libro, conocer aventuras semejantes en los libros, ampliar o aclarar información de un documental...).

Una de las claves en favor de la lectura estará en la buena planificación del tiempo libre de niños y jóvenes, reservando siempre momentos para la lectura y disponiendo las condiciones adecuadas para recrearse con los libros. La lectura requiere silencio, concentración; necesita de una disposición mental activa y distendida a la vez, preparada para el disfrute. Para la lectura es necesario tener libros atractivos al alcance y poder contar con el apoyo de los adultos para resolver dudas, para compartir los momentos más interesantes o para prevenir dificultades. Si no se dan estas circunstancias, será difícil que la lectura ocupe un espacio preferente en el ocio de nuestros hijos.

En todo caso, la mejor manera de que pequeños y mayores dediquen más tiempo a la lectura es haciendo de ella una actividad apetecible, imprescindible, emocionante. Y este descubrimiento nuestros hijos no siempre lo hacen solos o de forma espontánea. Desde la familia podemos ayudarles a establecer una relación especial, de privilegio, con los libros.