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Respetar
Respetar

Los lectores tienen derecho a elegir. Estemos pendientes de sus gustos y de cómo evolucionan.

Conocer los gustos de nuestros hijos y ser conscientes de que las preferencias cambian en función de numerosas circunstancias.

Respetarlos y estar en disposición de proponer otras opciones, sin forzar ni intentar modificar sus preferencias de manera brusca.

Contrastar nuestras sugerencias con los profesionales: bibliotecarios, profesores, libreros y otros medios de información especializada en Internet.

Conocer su ritmo, los momentos en los que nuestras sugerencias pueden ser mejor acogidas.

Las personas adultas tenemos gustos literarios distintos, practicamos la lectura en momentos y situaciones muy diversos. Los niños y los jóvenes también tienen sus preferencias.

Algunos tienen preferencias marcadas hacia ciertos temas, personajes, series, autores..., mientras que otros muchos están abiertos a opciones más amplias. En todo caso, debemos tener en cuenta que estas preferencias varían en función de distintas circunstancias: la trayectoria de cada lector, la edad, las condiciones que acompañan la lectura, el estado de ánimo o incluso el momento del día o del año. Los gustos de los lectores cambian y evolucionan.

En líneas generales, los expertos indican los intereses más comunes entre los distintos grupos de edad (por ejemplo, los libros de animales están entre los favoritos de los más pequeños; los que plantean conflictos propios de la adolescencia suelen atraer a los jóvenes). Pero estas directrices no tratan de establecer categorías cerradas, sino de ofrecernos criterios para conocer los gustos de cada lector: conocer para respetar y para mostrar nuevas posibilidades.

Conviene que estemos atentos a todos estos cambios, a los circunstanciales y a los que tienen que ver con la evolución de los niños y de los adolescentes como lectores, siempre desde la óptica de poder descubrirles otros horizontes. En esta labor, puede ser útil contrastar nuestras recomendaciones con el consejo profesional de los bibliotecarios, los profesores, los libreros o el de revistas y otros medios especializados en Internet.

Del mismo modo deberíamos respetar los momentos favoritos de lectura de nuestros hijos, enseñándoles a encontrar su propio ritmo y las situaciones más adecuadas para disfrutar de ella. También en esto hay que dar ejemplo, sugiriendo y proponiendo.