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A mi hijo, a mi hija, no le gusta leer, ¿qué puedo hacer?
Niño con tirachinas

Ante todo, dialogar. Intentar averiguar las causas, y no forzar, no obligar a disfrutar con algo que en principio no entra en sus planes. Una vez detectado el problema, podremos actuar.

Aunque a veces resulte complicado, nunca debemos abandonar la labor de estímulo y orientación. Habrá que hacer uso de nuestra imaginación y de nuestra habilidad para utilizar todos los recursos al alcance. Estos son algunos consejos que pueden orientar en estos casos:

  • Siempre hay que prevenir.
  • En el periodo en que los niños ya conocen el código pero aún no leen con soltura, es conveniente continuar a su lado. El cansancio puede vencerles. Estar siempre cerca, observar su comportamiento y tener preparadas algunas ideas para estas ocasiones puede dar buenos resultados: leer juntos, sorprenderles con nuevos libros, acudir juntos a las actividades de librerías y bibliotecas...
  • Hagamos de la lectura una actividad imprescindible. Numerosas actividades de la vida cotidiana pueden llevarnos a los libros. Se trata de buscar esos momentos en que los libros son necesarios o pueden ser un complemento inesperado para su actividad: preparar un viaje; hacer una visita al zoológico, a un museo o a una exposición; ver una película; aprender manualidades...
  • Seleccionemos momentos adecuados. No intentemos modificar sus hábitos de forma brusca y por obligación. Para ello, debemos evitar proponer la lectura en las situaciones en que nuestros hijos están más agitados o están más interesados en realizar otras actividades: salir, oír música, ver la televisión, jugar en el ordenador...
  • Tratemos de involucrar a sus amigos. Si algunos de sus amigos son buenos lectores, podremos sugerir actividades que sean de gran ayuda: invitemos a los amigos a leer a casa, organicemos un club de lectura, estemos atentos a la programación de actividades de la biblioteca o de la librería para que vayan juntos...

Estas sugerencias básicas pueden ayudar a iniciar el camino. En las diferentes secciones de la Guía se podrán encontrar otras muchas ideas útiles para afrontar estas situaciones.

¿Por qué, a cierta edad, hay chavales que leen menos?
Adolescentes

Si hablamos de chicos y chicas aficionados a la lectura que a partir de cierto momento han dejado de leer, habrá que preguntarse qué ha cambiado: los intereses, los amigos, la organización de su tiempo, la cantidad de actividades fuera del horario escolar, las condiciones para la lectura... Puede suceder también que nosotros mismos hayamos dejado de apoyarles pensando que su hábito estaba suficientemente asentado.

En estos casos es importante indagar qué es lo que les puede apartar de la lectura y plantearse qué hacer en cada situación. Se proponen algunas reflexiones que pueden ayudar a comprender este problema:

  • El esfuerzo que requiere la lectura y la posible falta de competencia para abordar textos más complejos. Para disfrutar de la lectura hay que poder leer sin que el esfuerzo puesto en la actividad sea superior al placer que nos proporciona. A medida que nuestros hijos crecen, los libros les proponen nuevos retos como lectores para los que no siempre están formados: la trama se complica, las formas lingüísticas son más complejas... Hay ocasiones en que los niños o los jóvenes no están preparados para abordar la lectura de ciertos textos aunque, en principio, estos parecieran adecuados para su edad. En estos casos, no pueden disfrutar con la lectura porque el esfuerzo que esta les exige es demasiado grande.
  • La aparición de nuevos intereses. A ciertas edades, los chicos y las chicas tienen intereses que consumen buena parte de su tiempo y que, si no están bien enfocados, pueden apartarles de la lectura: la televisión, los juegos electrónicos, los amigos... Los jóvenes están muy interesados en la socialización en su grupo de amigos y les gusta compartir las mismas aficiones. Pero para aficionarse a la lectura, hay que descubrir el placer de enfrentarse a una historia en solitario. Si la lectura no forma parte de las preferencias del grupo de amigos, será más difícil afrontar su desinterés.
  • El exceso de actividades fuera de la escuela o del instituto: idiomas, deportes, danza, informática... Hay familias que conceden mucha importancia a ofrecer a sus hijos una formación muy completa que les garantice un buen futuro. Pero no somos suficientemente conscientes de que la lectura es la mejor garantía de su futuro: leer para disfrutar y para disponer de un horizonte cultural amplio; leer para estar informados y para aprender las habilidades necesarias para seguir aprendiendo por sí solos. Tengamos en cuenta que el excesivo cansancio físico o mental provocado por estas otras actividades puede apartarles de la lectura.
  • Simplemente, no les gusta leer. En ocasiones, las aficiones que han ido desarrollando los niños y los jóvenes no les hacen inclinarse hacia la lectura. Prefieren el movimiento, o la actividad física, o la visión del televisor, o los juegos del ordenador. No han sabido descubrir la emoción de la lectura, y eligen cualquier otra actividad que no sea una relación placentera con los libros.

En todos estos casos, no hay que abandonar: debemos seguir probando con las numerosas sugerencias contenidas en esta Guía; no todas serán igualmente eficaces, pero alguna de ellas puede dar algún resultado.

Lectura, televisión, ordenadores, consolas… ¿son incompatibles?
Ordenador, libro y televisor

Indudablemente, para la mayoría de niños y jóvenes la televisión, el ordenador o la consola de juegos ocupan una parte importante de su tiempo. Está claro, también, que la excesiva dedicación a estas actividades resta tiempo a la lectura, a la relación libre y personal con los libros. Sin embargo, ante nuestros hijos no deberíamos plantearlas como actividades contrapuestas, sino como actividades distintas. Todas pueden ser propuestas atractivas para el tiempo libre, en su medida, a su tiempo.

Los padres tienen un papel fundamental en las costumbres de sus hijos en relación con la televisión, los ordenadores o las consolas. Con frecuencia, las familias son responsables del exceso de televisión u ordenador en el hogar. Padres y madres deben ser una guía para seleccionar (enseñar a elegir calidad), interpretar (discernir realidad y ficción), regular los tiempos (apagar y buscar otra actividad) y establecer posibles puentes con los libros (descubrir la misma historia de una película en un libro, conocer aventuras semejantes en los libros, ampliar o aclarar información de un documental...).

Una de las claves en favor de la lectura estará en la buena planificación del tiempo libre de niños y jóvenes, reservando siempre momentos para la lectura y disponiendo las condiciones adecuadas para recrearse con los libros. La lectura requiere silencio, concentración; necesita de una disposición mental activa y distendida a la vez, preparada para el disfrute. Para la lectura es necesario tener libros atractivos al alcance y poder contar con el apoyo de los adultos para resolver dudas, para compartir los momentos más interesantes o para prevenir dificultades. Si no se dan estas circunstancias, será difícil que la lectura ocupe un espacio preferente en el ocio de nuestros hijos.

En todo caso, la mejor manera de que pequeños y mayores dediquen más tiempo a la lectura es haciendo de ella una actividad apetecible, imprescindible, emocionante. Y este descubrimiento nuestros hijos no siempre lo hacen solos o de forma espontánea. Desde la familia podemos ayudarles a establecer una relación especial, de privilegio, con los libros.

¿Cómo funciona la luz de tu bicicleta? Antonio de Pro
Detalle frontal de bicicleta

Junio 23, 2009. Desarrollo de estrategias de comprensión. Segundo o tercer ciclo de Educación Primaria. Otras actividades del mismo autor.

IDWP:[1800]

El oso pardo: una especie en peligro de extinción. Marta Guillaumes
Oso pardo

Abril 5, 2010. Lectura comprensiva para procesar la información. Utilización de los distintos niveles de lectura: literal, inferencial, evaluativa y creativa. Autorregulación del proceso lector. Selección y condensación de la información de más valor estructural (elaboración de resúmenes y co-evaluación). Expresión oral. 1º ESO

IDWP:[3139]

Mis favoritos, ¿y los tuyos?
favoritos

¿Para qué?

  • Compartir nuestras lecturas y las de nuestros hijos.
  • Conocer sus gustos y sus problemas con los libros.

¿Cuándo?

  • Es una actividad para realizar esporádicamente.
  • Ocasionalmente, en momentos o rutinas estables de cada familia: después de merendar, antes de irse a la cama, al levantarse los días festivos…

¿Cómo?

Habría que empezar por actividades más sencillas en las que se compartan lecturas: leer juntos, leerles pasajes de nuestros libros favoritos, tener una biblioteca personal ordenada y una cierta costumbre familiar de hablar de libros.

Fijemos un día o dos cada semana en los que podamos disponer de un rato relajado para tener una tertulia sobre los libros que leen nuestros hijos. Quedemos con ellos para hablar de literatura.

Dispongamos todo para que el ambiente sea agradable y, a ser posible, no haya interrupciones ni distracciones: para hablar de nuestras cosas, de nuestros gustos, hace falta una cierta intimidad.

Si conseguimos convertir la literatura en tema de nuestras conversaciones, podremos encontrar mil ocasiones para recomendar otras lecturas, ir orientando sus gustos, conocer sus problemas con los libros. En definitiva, para ayudarles a ser lectores.

Cuando se tiene esta costumbre, resulta más fácil iniciar conversaciones sobre autores, colecciones, géneros, ilustradores, tipos de ilustración, nuevas publicaciones…

En principio, podríamos preparar una «lista de éxitos», es decir, un registro de libros, reservando un espacio para la valoración de cada uno. Junto al título podemos dejar un espacio para pintar o poner una pegatina de color (verde, naranja o rojo) que indique la opinión (me ha gustado mucho, bastante o poco). Con este registro organizado podemos entablar conversaciones sobre qué tipo de libros les han gustado más, intentando ver coincidencias: géneros, autores, colecciones, etc.

Se trata de que, desde pequeños, nuestros hijos vayan siendo conscientes de sus gustos y de que nosotros encontremos un camino fácil para proponer otras lecturas del mismo género, para sugerir otros libros que consideremos interesantes y que no suelen elegir ellos por iniciativa propia.

Cuando vayan creciendo, conviene adaptar la lista de éxitos. Cambiar los colores por comentarios más elaborados, empezando por los más simples en relación con las emociones o sensaciones que despierta un libro (apasionante, de miedo, pasable, aburrido, muy claro…), hasta llegar a valoraciones más elaboradas (personajes muy bien descritos, diálogos interesantes, tensión, muy bien estructurado, esquemas claros, etc.).

Si llegamos a este punto, seguro que podemos compartir con ellos nuestra afición por los libros.

Acompañar
Acompañar

El apoyo de la familia es necesario en todas las edades. No los dejemos solos cuando aparentemente saben leer.

No abandonemos a nuestros hijos en su esfuerzo permanente por comprender los textos. Cuando se conocen las letras, aún no se sabe todo sobre la lectura.

Con el diálogo podemos ofrecer ayuda para comprender la historia. Leamos con ellos.

A los niños les puede gustar tener apoyo cercano, tener oyentes. Es importante que se sientan seguros.

Debemos seguir estando atentos a las dificultades que puedan encontrar los adolescentes.

Con frecuencia, las familias prestan más atención al periodo inicial de aprendizaje de la lectura que a los años posteriores, en los que chicos y chicas ya dominan el descifrado de las letras. Y, sin embargo, durante toda su formación como lectores el apoyo de los padres es fundamental.

Aprender a leer no es tarea fácil. Supone un largo proceso de aprendizaje que abarcará toda la escolaridad, y en cada momento pueden aparecer nuevas dificultades. Un momento crítico para afrontar la lectura de textos diversos será cuando los niños conozcan la traducción de letra a sonido, ya que, aparentemente, están en condiciones de descifrar todos los textos. Pero ¿están en condiciones de comprenderlos? En ocasiones puede suceder que el texto resulte demasiado largo, o que no sean capaces de seguir el hilo argumental, o que encuentren problemas en el vocabulario, o que no tengan suficientes conocimientos sobre el tema tratado, o que no sean capaces de ver el texto como unidad y tan solo asimilen ideas sueltas... Leer sin comprender no es leer.

Debemos estar atentos a todas estas dificultades, invitando a los niños a que compartan con nosotros su experiencia como lectores. Leyendo con ellos conoceremos qué les gusta, qué saben y dónde encuentran problemas. Solo de esta manera podremos buscar formas adaptadas de estimular su gusto por la lectura y de mejorar sus habilidades.

Algo semejante hemos de plantearnos con los adolescentes. Con frecuencia, en estas edades, los problemas persisten o se manifiestan de manera diferente. Un apoyo cercano, desde la familia, será esencial para complementar la labor de los profesores.

El papel de la familia en la iniciación literaria de los más jóvenes es esencial, y lo seguirá siendo en la consolidación y permanencia del hábito de lectura más allá de los años iniciales de desarrollo.

Ser constantes
Niño 10 ideas

Todos los días hay que reservar un tiempo para leer. Busquemos momentos relajados, con buena disposición para la lectura.

La única manera de favorecer el hábito de la lectura es poniéndolo en práctica. Reservemos un tiempo de lectura todos los días.

Busquemos los momentos propicios, en los que el cansancio no impida a los chicos estar despejados, curiosos, ante el libro.

No ocupemos todo su tiempo libre con otras actividades. Dejemos tiempo para leer.

Una buena forma de mejorar la calidad de vida de nuestros hijos está en la lectura. No lo olvidemos.

La mejor manera de crear el hábito de la lectura es poniéndolo en práctica. La lectura frecuente, practicada con regularidad, puede ser uno de los mejores apoyos para crear un buen hábito de lectura.

Durante el curso académico, niños y jóvenes suelen tener numerosas actividades después del horario escolar: idiomas, danza, música, deportes... Pero ¿les hemos dejado tiempo suficiente para leer, para disfrutar de la lectura? ¿Hemos reservado un rato en el que no estén cansados después de tantas actividades?

Leer debe ser una actividad placentera, que se afronte con la cabeza despejada y preparada para realizar un cierto esfuerzo. La lectura exige una disposición mental, requiere concentración en todos los lectores, y especialmente en los primeros años, en que no están automatizados ciertos mecanismos.

La lectura no puede ser planteada como un esfuerzo suplementario a las numerosas actividades del día. Hay que reservar momentos relajados y apetecibles, evitando aquellos en que nuestros hijos están más cansados.

Es habitual que a los más pequeños les guste leer antes de dormir. Pero si este es el único momento de lectura con ellos, deberíamos plantearnos en qué otras ocasiones podemos sugerirles que lean. Podríamos pensar en situaciones igualmente adecuadas en las que los niños estén más descansados: por las tardes, después de merendar; en las mañanas de días festivos o de vacaciones...

Junto con la intervención de los padres, podemos sugerir la práctica de la lectura a cuantas personas se encargan de las actividades extraescolares de nuestros hijos. Hagamos que la lectura esté presente en su tiempo libre. De esta manera tan sencilla, además de crear amantes de la lectura, mejoraremos su calidad de vida.

Organizarse
Niño, 10 ideas

La desorganización puede estar reñida con la lectura. Ayudémosles a organizarse: su tiempo, su biblioteca...

Debemos ayudar a nuestros hijos a ser ordenados con sus cosas, con su tiempo. Ellos se fijan y aprenden de nosotros.

Hay que ser flexibles: la rigidez excesiva puede ser contraproducente. No se trata de imponer el orden por el orden, sino de hacerles ver que la organización está en función de su bienestar y de su aprendizaje.

Podemos buscar formas de organización sencillas para sus cosas, para sus libros. Utilicemos criterios que ellos puedan entender. «Para qué sirve cada libro» puede ser un buen principio de organización.

Con los mayores deberemos seguir insistiendo en estos principios. Una forma de organización algo más compleja de la propia biblioteca será más adecuada para estas edades (por autores, por materias, por series...).

En la familia, la falta de organización puede impedir que se den las condiciones adecuadas para leer: disponer de un momento relajado para la lectura o poder localizar los libros en el momento en que son necesarios. El orden es importante; sin rigidez excesiva, pero con orientación suficiente para que haya tiempo y espacio para todo.

Cuando los niños son pequeños, su organización depende casi exclusivamente de la nuestra: ¿qué tiempo dedicamos a la lectura?, ¿en qué momentos pueden prescindir de nuestra presencia?, ¿cuándo salimos con ellos?, ¿cuándo hay que ir a dormir?... Sin ser excesivamente estrictos, un cierto plan en las actividades les ayudará a regularse e irá configurando su propio orden. Los niños toman como modelo nuestro orden y también nuestro desorden.

Conviene que, desde muy pronto, los niños vayan reservando un espacio de la casa para su biblioteca. En ella guardarán ordenadamente sus libros, repararán los estropeados, colocarán sus objetos y sus adornos. Como ayuda, podemos sugerirles procedimientos sencillos de clasificación de los libros. Su utilidad puede ser un buen criterio: libros para aprender (sobre animales, costumbres y culturas del mundo, civilizaciones antiguas...), libros para hacer cosas (recetas, juguetes, experimentos...) y libros para la imaginación (cuentos, poemas, canciones...). Con el tiempo se puede ir complicando esta organización, hasta llegar a entender el funcionamiento de las bibliotecas de los adultos.

La responsabilidad sobre sus cosas, sobre su tiempo, sobre sus libros, es la meta que debemos perseguir.

El camino lo podemos ir marcando nosotros.

Los lectores tienen la palabra. Enseñar a escribir una carta al director. Andrea Giráldez
Cartas al director

Secuencia didáctica en la que su autora, Andrea Giráldez, nos propone la redacción de una carta de opinión sobre un tema de actualidad abordado en un artículo u otra carta al director publicados en la prensa. Para ello, se lleva a cabo la lectura y comentario de textos periodísticos de estas características, se analiza su estructura básica y rasgos principales, y se aportan las pautas y fórmulas típicas para su redacción.

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