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Día de la Biblioteca 2014
Día de la Biblioteca 2014

Hoy celebramos con vosotros el Día de la Biblioteca 2014. En este día se da a conocer la labor de las bibliotecas, abriéndolas al exterior, promocionando sus actividades y, sobre todo, protegiéndolas.

Esta celebración nació en 1997 a propuesta de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil. La fecha elegida, el 24 de octubre, recuerda la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo en 1992 durante el conflicto de los Balcanes.

  • "Las bibliotecas están llenas de ideas, tal vez sea la más peligrosa y poderosa de las armas". (Sarah J. Maas)
  • "Sin bibliotecas, ¿que nos quedaría? No tendríamos pasado ni futuro". (Ray Bradbury) 
 
Hoy las bibliotecas están más vivas que nunca. Han sabido adaptarse y evolucionar ante los cambios tecnológicos, sociales y económicos sin olvidar su pasado. Han sido capaces de incorporar nuevos servicios y medios para llegar a las personas, de sumar todo aquello que las convierte en el elemento dinamizador de la cultura en nuestra sociedad.
 
Por todo ello queremos felicitar en este día a todos los profesionales de estas bibliotecas y agradecerles su increíble labor.
 

Aquí os dejamos información sobre algunas de las actividades que tendrán lugar en estos días en el territorio nacional:

En Ceuta, Segovia, Madrid, Andalucía, Valladolid,  LeónBilbao y Zamora.

 

 


 

¿Cómo elegir libros de imágenes?
Ilustración de Nuria Pérez Cuadrado

Existe una amplia variedad de libros de imágenes que pueden cumplir funciones diferentes en la educación de los lectores más pequeños. Algunas indicaciones sobre cómo emplear cada uno de ellos:

  • Imaginarios o libros con colecciones de imágenes. Libros con galerías de imágenes, organizadas generalmente por temas: animales, juguetes, vehículos, instrumentos musicales, objetos domésticos... Son los primeros libros que deberían «leer» los niños. Con ellos se pueden hacer actividades para identificar, reconocer, nombrar, comparar, comentar...
  • Abecedarios. Libros en los que las letras del alfabeto se acompañan de imágenes con motivos (un objeto, un animal...) cuyo nombre empieza por cada una de las letras del abecedario. A veces, se presenta también una estrofa, un poema o una frase sencilla. Al igual que los anteriores, sirven para identificar y reconocer, y además posibilitan el primer contacto de los niños con la escritura (destacan la letra inicial para facilitar el conocimiento de las letras, incluyen la escritura de palabras frecuentes y los textos algo más extensos favorecen las primeras relaciones con el lenguaje propio de la escritura).
  • Libros de imágenes con secuencia narrativa básica. Libros de imágenes, sin texto, en los que se plantea una secuencia narrativa sencilla. Se suelen presentar uno o varios personajes ligados por una acción lineal mínima. Puede resultar un recurso de interés para introducir a los niños en la secuencia de la narración: las actividades que realizan los personajes, los cambios de estos personajes...
  • Libros de imágenes con texto mínimo. Libros con poemas sencillos, estrofas o cuentos muy breves. Constituyen una fuente imprescindible para la iniciación literaria de los más pequeños y para despertar el gusto por la literatura. Sirven para identificar y reconocer imágenes y letras, al tiempo que son un recurso interesante para familiarizar a los niños con las formas del «lenguaje que se escribe» (formas de inicio y fin de los cuentos, formas rimadas...). Los adultos podemos leerlos en voz alta, o invitar a los niños a memorizarlos, a reconocer palabras y letras…
  • Libros de conocimientos. Junto con las obras literarias, existen otros muchos libros que ayudan a los niños a conocer el entorno en que viven. Son libros en los que la ilustración tiene una presencia predominante. Están ilustrados con fotografías o dibujos, con o sin texto. Su finalidad es didáctica. Con ellos los niños pueden conocer otras funciones de la escritura (la escritura sirve para fijar y transmitir conocimientos). Son un buen recurso para enriquecer el vocabulario y desarrollar algunas habilidades relacionadas con la lectura (la escritura de nombres y el uso de las letras, especialmente).
  • Libros juego. Libros animados con agujeros, ventanas, acordeones, abanicos, puzzles, troquelados, texturas y, a veces, efectos musicales. Suelen estar realizados con materiales resistentes: tela, material plástico, madera... En todos ellos se ha de realizar alguna actividad manual: mover, levantar, recortar, dibujar, colorear...
¿Cómo elegir obras de ficción?
Superhéroes

En la selección de libros de ficción (cuentos, novelas...) un criterio importante es la calidad artística de la obra, de los textos y de las imágenes. Y, sin embargo, sobre este criterio es difícil ofrecer unas pautas objetivas e inopinables.La mejor manera de orientarse en este aspecto será contrastando las propias impresiones con los criterios profesionales: el comentario con los profesores, la consulta al bibliotecario o al librero, la lectura de las listas de libros recomendados en medios especializados (en revistas y prensa, en Internet, en radio o en TV) nos permitirán obtener una opinión contrastada.

En todo caso, se indican a continuación algunos de los criterios que pueden guiar la selección de libros de ficción. Gran parte de ellos pueden resultar igualmente útiles para elegir obras en soporte papel y en soporte electrónico.

  • Valorar el tema y su tratamiento, buscando temas atractivos y variados, adecuados para los distintos tipos de lectores según edades, preferencias personales, trayectoria y lecturas previas...
  • Observar elementos del argumento o de la organización interna que puedan dificultar la compresión: acciones múltiples, saltos hacia delante y hacia atrás en la narración de los hechos, cambios en el punto de vista...
  • Vigilar la transmisión de valores positivos, evitando prejuicios, estereotipos o tópicos.
  • Tener en cuenta la organización del texto y la presencia de apoyos que puedan facilitar la comprensión: títulos, organización en capítulos...
  • Detectar, en el texto, rasgos que puedan plantear problemas de comprensión: vocabulario, estructura de las frases, recursos estilísticos más o menos complejos (ironías, dobles sentidos, etc.)...
  • Considerar la calidad de la traducción, en el caso de obras originariamente escritas en otras lenguas.
  • Apreciar los aspectos visuales y materiales de presentación de la obra: tipografía y tamaño de la letra, legibilidad, calidad del papel y de la encuadernación, tamaño, peso...

La mejor forma de elegir es leyendo y conociendo a fondo las obras que leen nuestros hijos. De esta manera podremos formarnos un criterio, contrastarlo con los especialistas y comprobar cuáles son las apreciaciones de los niños y jóvenes.

A mi hijo, a mi hija, no le gusta leer, ¿qué puedo hacer?
Niño con tirachinas

Ante todo, dialogar. Intentar averiguar las causas, y no forzar, no obligar a disfrutar con algo que en principio no entra en sus planes. Una vez detectado el problema, podremos actuar.

Aunque a veces resulte complicado, nunca debemos abandonar la labor de estímulo y orientación. Habrá que hacer uso de nuestra imaginación y de nuestra habilidad para utilizar todos los recursos al alcance. Estos son algunos consejos que pueden orientar en estos casos:

  • Siempre hay que prevenir.
  • En el periodo en que los niños ya conocen el código pero aún no leen con soltura, es conveniente continuar a su lado. El cansancio puede vencerles. Estar siempre cerca, observar su comportamiento y tener preparadas algunas ideas para estas ocasiones puede dar buenos resultados: leer juntos, sorprenderles con nuevos libros, acudir juntos a las actividades de librerías y bibliotecas...
  • Hagamos de la lectura una actividad imprescindible. Numerosas actividades de la vida cotidiana pueden llevarnos a los libros. Se trata de buscar esos momentos en que los libros son necesarios o pueden ser un complemento inesperado para su actividad: preparar un viaje; hacer una visita al zoológico, a un museo o a una exposición; ver una película; aprender manualidades...
  • Seleccionemos momentos adecuados. No intentemos modificar sus hábitos de forma brusca y por obligación. Para ello, debemos evitar proponer la lectura en las situaciones en que nuestros hijos están más agitados o están más interesados en realizar otras actividades: salir, oír música, ver la televisión, jugar en el ordenador...
  • Tratemos de involucrar a sus amigos. Si algunos de sus amigos son buenos lectores, podremos sugerir actividades que sean de gran ayuda: invitemos a los amigos a leer a casa, organicemos un club de lectura, estemos atentos a la programación de actividades de la biblioteca o de la librería para que vayan juntos...

Estas sugerencias básicas pueden ayudar a iniciar el camino. En las diferentes secciones de la Guía se podrán encontrar otras muchas ideas útiles para afrontar estas situaciones.

¿Por qué, a cierta edad, hay chavales que leen menos?
Adolescentes

Si hablamos de chicos y chicas aficionados a la lectura que a partir de cierto momento han dejado de leer, habrá que preguntarse qué ha cambiado: los intereses, los amigos, la organización de su tiempo, la cantidad de actividades fuera del horario escolar, las condiciones para la lectura... Puede suceder también que nosotros mismos hayamos dejado de apoyarles pensando que su hábito estaba suficientemente asentado.

En estos casos es importante indagar qué es lo que les puede apartar de la lectura y plantearse qué hacer en cada situación. Se proponen algunas reflexiones que pueden ayudar a comprender este problema:

  • El esfuerzo que requiere la lectura y la posible falta de competencia para abordar textos más complejos. Para disfrutar de la lectura hay que poder leer sin que el esfuerzo puesto en la actividad sea superior al placer que nos proporciona. A medida que nuestros hijos crecen, los libros les proponen nuevos retos como lectores para los que no siempre están formados: la trama se complica, las formas lingüísticas son más complejas... Hay ocasiones en que los niños o los jóvenes no están preparados para abordar la lectura de ciertos textos aunque, en principio, estos parecieran adecuados para su edad. En estos casos, no pueden disfrutar con la lectura porque el esfuerzo que esta les exige es demasiado grande.
  • La aparición de nuevos intereses. A ciertas edades, los chicos y las chicas tienen intereses que consumen buena parte de su tiempo y que, si no están bien enfocados, pueden apartarles de la lectura: la televisión, los juegos electrónicos, los amigos... Los jóvenes están muy interesados en la socialización en su grupo de amigos y les gusta compartir las mismas aficiones. Pero para aficionarse a la lectura, hay que descubrir el placer de enfrentarse a una historia en solitario. Si la lectura no forma parte de las preferencias del grupo de amigos, será más difícil afrontar su desinterés.
  • El exceso de actividades fuera de la escuela o del instituto: idiomas, deportes, danza, informática... Hay familias que conceden mucha importancia a ofrecer a sus hijos una formación muy completa que les garantice un buen futuro. Pero no somos suficientemente conscientes de que la lectura es la mejor garantía de su futuro: leer para disfrutar y para disponer de un horizonte cultural amplio; leer para estar informados y para aprender las habilidades necesarias para seguir aprendiendo por sí solos. Tengamos en cuenta que el excesivo cansancio físico o mental provocado por estas otras actividades puede apartarles de la lectura.
  • Simplemente, no les gusta leer. En ocasiones, las aficiones que han ido desarrollando los niños y los jóvenes no les hacen inclinarse hacia la lectura. Prefieren el movimiento, o la actividad física, o la visión del televisor, o los juegos del ordenador. No han sabido descubrir la emoción de la lectura, y eligen cualquier otra actividad que no sea una relación placentera con los libros.

En todos estos casos, no hay que abandonar: debemos seguir probando con las numerosas sugerencias contenidas en esta Guía; no todas serán igualmente eficaces, pero alguna de ellas puede dar algún resultado.

Lectura, televisión, ordenadores, consolas… ¿son incompatibles?
Ordenador, libro y televisor

Indudablemente, para la mayoría de niños y jóvenes la televisión, el ordenador o la consola de juegos ocupan una parte importante de su tiempo. Está claro, también, que la excesiva dedicación a estas actividades resta tiempo a la lectura, a la relación libre y personal con los libros. Sin embargo, ante nuestros hijos no deberíamos plantearlas como actividades contrapuestas, sino como actividades distintas. Todas pueden ser propuestas atractivas para el tiempo libre, en su medida, a su tiempo.

Los padres tienen un papel fundamental en las costumbres de sus hijos en relación con la televisión, los ordenadores o las consolas. Con frecuencia, las familias son responsables del exceso de televisión u ordenador en el hogar. Padres y madres deben ser una guía para seleccionar (enseñar a elegir calidad), interpretar (discernir realidad y ficción), regular los tiempos (apagar y buscar otra actividad) y establecer posibles puentes con los libros (descubrir la misma historia de una película en un libro, conocer aventuras semejantes en los libros, ampliar o aclarar información de un documental...).

Una de las claves en favor de la lectura estará en la buena planificación del tiempo libre de niños y jóvenes, reservando siempre momentos para la lectura y disponiendo las condiciones adecuadas para recrearse con los libros. La lectura requiere silencio, concentración; necesita de una disposición mental activa y distendida a la vez, preparada para el disfrute. Para la lectura es necesario tener libros atractivos al alcance y poder contar con el apoyo de los adultos para resolver dudas, para compartir los momentos más interesantes o para prevenir dificultades. Si no se dan estas circunstancias, será difícil que la lectura ocupe un espacio preferente en el ocio de nuestros hijos.

En todo caso, la mejor manera de que pequeños y mayores dediquen más tiempo a la lectura es haciendo de ella una actividad apetecible, imprescindible, emocionante. Y este descubrimiento nuestros hijos no siempre lo hacen solos o de forma espontánea. Desde la familia podemos ayudarles a establecer una relación especial, de privilegio, con los libros.

¿Cómo funciona la luz de tu bicicleta? Antonio de Pro
Detalle frontal de bicicleta

Junio 23, 2009. Desarrollo de estrategias de comprensión. Segundo o tercer ciclo de Educación Primaria. Otras actividades del mismo autor.

IDWP:[1800]

El oso pardo: una especie en peligro de extinción. Marta Guillaumes
Oso pardo

Abril 5, 2010. Lectura comprensiva para procesar la información. Utilización de los distintos niveles de lectura: literal, inferencial, evaluativa y creativa. Autorregulación del proceso lector. Selección y condensación de la información de más valor estructural (elaboración de resúmenes y co-evaluación). Expresión oral. 1º ESO

IDWP:[3139]

Mis favoritos, ¿y los tuyos?
favoritos

¿Para qué?

  • Compartir nuestras lecturas y las de nuestros hijos.
  • Conocer sus gustos y sus problemas con los libros.

¿Cuándo?

  • Es una actividad para realizar esporádicamente.
  • Ocasionalmente, en momentos o rutinas estables de cada familia: después de merendar, antes de irse a la cama, al levantarse los días festivos…

¿Cómo?

Habría que empezar por actividades más sencillas en las que se compartan lecturas: leer juntos, leerles pasajes de nuestros libros favoritos, tener una biblioteca personal ordenada y una cierta costumbre familiar de hablar de libros.

Fijemos un día o dos cada semana en los que podamos disponer de un rato relajado para tener una tertulia sobre los libros que leen nuestros hijos. Quedemos con ellos para hablar de literatura.

Dispongamos todo para que el ambiente sea agradable y, a ser posible, no haya interrupciones ni distracciones: para hablar de nuestras cosas, de nuestros gustos, hace falta una cierta intimidad.

Si conseguimos convertir la literatura en tema de nuestras conversaciones, podremos encontrar mil ocasiones para recomendar otras lecturas, ir orientando sus gustos, conocer sus problemas con los libros. En definitiva, para ayudarles a ser lectores.

Cuando se tiene esta costumbre, resulta más fácil iniciar conversaciones sobre autores, colecciones, géneros, ilustradores, tipos de ilustración, nuevas publicaciones…

En principio, podríamos preparar una «lista de éxitos», es decir, un registro de libros, reservando un espacio para la valoración de cada uno. Junto al título podemos dejar un espacio para pintar o poner una pegatina de color (verde, naranja o rojo) que indique la opinión (me ha gustado mucho, bastante o poco). Con este registro organizado podemos entablar conversaciones sobre qué tipo de libros les han gustado más, intentando ver coincidencias: géneros, autores, colecciones, etc.

Se trata de que, desde pequeños, nuestros hijos vayan siendo conscientes de sus gustos y de que nosotros encontremos un camino fácil para proponer otras lecturas del mismo género, para sugerir otros libros que consideremos interesantes y que no suelen elegir ellos por iniciativa propia.

Cuando vayan creciendo, conviene adaptar la lista de éxitos. Cambiar los colores por comentarios más elaborados, empezando por los más simples en relación con las emociones o sensaciones que despierta un libro (apasionante, de miedo, pasable, aburrido, muy claro…), hasta llegar a valoraciones más elaboradas (personajes muy bien descritos, diálogos interesantes, tensión, muy bien estructurado, esquemas claros, etc.).

Si llegamos a este punto, seguro que podemos compartir con ellos nuestra afición por los libros.

Acompañar
Acompañar

El apoyo de la familia es necesario en todas las edades. No los dejemos solos cuando aparentemente saben leer.

No abandonemos a nuestros hijos en su esfuerzo permanente por comprender los textos. Cuando se conocen las letras, aún no se sabe todo sobre la lectura.

Con el diálogo podemos ofrecer ayuda para comprender la historia. Leamos con ellos.

A los niños les puede gustar tener apoyo cercano, tener oyentes. Es importante que se sientan seguros.

Debemos seguir estando atentos a las dificultades que puedan encontrar los adolescentes.

Con frecuencia, las familias prestan más atención al periodo inicial de aprendizaje de la lectura que a los años posteriores, en los que chicos y chicas ya dominan el descifrado de las letras. Y, sin embargo, durante toda su formación como lectores el apoyo de los padres es fundamental.

Aprender a leer no es tarea fácil. Supone un largo proceso de aprendizaje que abarcará toda la escolaridad, y en cada momento pueden aparecer nuevas dificultades. Un momento crítico para afrontar la lectura de textos diversos será cuando los niños conozcan la traducción de letra a sonido, ya que, aparentemente, están en condiciones de descifrar todos los textos. Pero ¿están en condiciones de comprenderlos? En ocasiones puede suceder que el texto resulte demasiado largo, o que no sean capaces de seguir el hilo argumental, o que encuentren problemas en el vocabulario, o que no tengan suficientes conocimientos sobre el tema tratado, o que no sean capaces de ver el texto como unidad y tan solo asimilen ideas sueltas... Leer sin comprender no es leer.

Debemos estar atentos a todas estas dificultades, invitando a los niños a que compartan con nosotros su experiencia como lectores. Leyendo con ellos conoceremos qué les gusta, qué saben y dónde encuentran problemas. Solo de esta manera podremos buscar formas adaptadas de estimular su gusto por la lectura y de mejorar sus habilidades.

Algo semejante hemos de plantearnos con los adolescentes. Con frecuencia, en estas edades, los problemas persisten o se manifiestan de manera diferente. Un apoyo cercano, desde la familia, será esencial para complementar la labor de los profesores.

El papel de la familia en la iniciación literaria de los más jóvenes es esencial, y lo seguirá siendo en la consolidación y permanencia del hábito de lectura más allá de los años iniciales de desarrollo.