Imagen presente, pasado y futuro

Bibliotecas escolares. Pasado, presente y futuro.

21/07/2014 - Blog, Etiquetas , bibliotecas escolares , bibliotecas

Las bibliotecas se han considerado desde tiempos remotos como depositarias del saber y la cultura. La primera biblioteca de la que se tiene constancia es del año 3.000 a.C. y se encontraba en un templo de Nippur, en la antigua Babilonia. Cuando los arqueólogos comenzaron a trabajar en la zona, a mediados del s.XIX, encontraron más de 5.000 tablillas.

A partir de esa fecha, se pueden encontrar vestigios de bibliotecas en todas las civilizaciones. En el Antiguo Egipto, por ejemplo, podían encontrarse en templos y palacios y recibían la denominación de Casas de la Vida.

También, en los centros de enseñanza a lo largo de los siglos, las bibliotecas han sido un elemento indispensable para la formación de alumnos  de los distintos niveles educativos. Pero los tiempos han ido cambiando vertiginosamente y se imponen nuevos conceptos de la transmisión del saber y la cultura, es decir, de la educación en general.

La sociedad de la información hace que la capacidad tecnológica tenga un enorme potencial para hacer circular y almacenar gran cantidad de información que el usuario pueda seleccionar y apropiarse para su propio conocimiento. Aquellos que ya han nacido en esta sociedad del conocimiento poseen unas capacidades para el dominio de herramientas tecnológicas que hacen inevitable que acudan a ellas para obtener la información que necesitan, pero a menudo no poseen la capacidad crítica para seleccionar información fiable, elaborar y compartir el producto que es resultado de este proceso. Es tarea del profesorado dirigir este proceso y el lugar idóneo para ello son las bibliotecas escolares. Las nuevas tendencias educativas, como el trabajo por proyectos y la resolución de problemas, necesitan de ellas para poder dar respuestas a esta necesidad. ¿Están preparadas las bibliotecas escolares para este cambio?

Es evidente que las bibliotecas escolares deben seguir prestando el servicio para el que fueron concebidas pero, precisamente para ello, es necesario que salgan de sí mismas y se abran a las infinitas posibilidades que el mundo de las redes ofrece. Por ello, necesitan una transformación en centros de aprendizaje compartido en el que se puedan promover iniciativas de innovación e investigación educativa, más cercanos al concepto de taller que al de recepción pasiva de conocimientos, que deben dotarse de todos los recursos necesarios y en el que los libros sean uno más de los elementos que intervienen en dicha formación.

Es necesario, pues, que las bibliotecas escolares se abran al entorno de diversas maneras. Por un lado, formando redes con otras bibliotecas (escolares, públicas, universitarias, especializadas…) para crear nodos a través de los cuales se pueda acceder a información fiable y de calidad, a repositorios, a plataformas y otros recursos compartidos y de libre acceso. Por otro, las diversas formas de aprendizaje (entre iguales, autoformación, aprendizaje formal, no formal e informal, MOOCs…) impulsan a la biblioteca escolar a abrirse a otros agentes del entorno educativo (como son los padres y profesionales no docentes relacionados con el centro) y del entorno social que quieran participar de esta experiencia de aprendizaje compartido (asociaciones de barrio, municipales, colectivos…).

Además, las bibliotecas escolares deben formar parte fundamental del núcleo motor de las alfabetizaciones múltiples, verdadero eje transversal de la formación en competencias, en donde están incluidas también  la alfabetización mediática, la informacional y la digital.

Es necesario para ello un proceso que parta de facilitar la competencia digital docente, para lo que es fundamental la formación del profesorado.

Pensar en las bibliotecas escolares del futuro es pensar en el modelo educativo con el que queremos formar a nuestros jóvenes.