10 claves para enseñar a comprender (Primaria). Eduardo Vidal Abarca
Eduardo Vidal Abarca

A continuación encontrarás un documento sobre cómo los profesores y profesoras de Educación Primaria pueden enseñar a sus alumnos a mejorar sus estrategias de comprensión de textos expositivos. Se formulan diez recomendaciones escritas en forma de decálogo. Sintetizan lo que la mayoría de los expertos en enseñanza de la comprensión suscribirían. Previamente, encontrarás unas reflexiones la utilidad y necesidad de enseñar estrategias de lectura de textos expositivos en la Educación Primaria.

IDWP:[989]

Piensa que tus amigas, tus amigos, son los mejores compañeros de lecturas
Piensa que tus amigas, tus amigos, son los mejores compañeros de lecturas

¿Has intercambiado alguna vez los libros con tus amigos? ¿Habéis jugado a contaros historias: las más misteriosas, aventureras, inquietantes, divertidas…?

Hay juegos basados en libros que puedes organizar: disfrazarse, una obra de teatro, hacer títeres… Pruébalo y verás qué buen resultado.

IDWP:[186]

Si te apetece leer, lee. No te distraigas con otras cosas
Fíjate bien en cómo leen las personas mayores
¿Cómo elegir obras de información y de consulta?
enciclopedia

Actualmente existe una amplia oferta de obras de carácter informativo: libros de conocimientos, diccionarios, enciclopedias, monografías, etc. La oferta comprende materiales en distintos soportes –impreso, audiovisual y electrónico– que deberán ser convenientemente analizados para asegurarnos de la calidad de la publicación.

Algunos de los criterios que se pueden emplear en la selección de obras de información y de consulta son los siguientes:

  • Rigor y accesibilidad de la información. Las adaptaciones que requiere la presentación de contenidos de carácter informativo para niños y jóvenes nunca deberán ir en detrimento del rigor de la información.
  • Actualización de la información. Muchos de los contenidos que se presentan en estos materiales han de tener una actualización periódica. Conviene estar atentos a la regularidad de las actualizaciones y puestas al día de las obras.
  • Organización de la información en distintos niveles de consulta. Los contenidos deberán desarrollarse en distintos niveles: textos principales y textos complementarios, que sirven para completar, ampliar o ejemplificar las informaciones presentadas. Estos recursos ayudan a una consulta ágil y flexible de la obra. Del mismo modo, será importante la utilización de recursos para marcar estos distintos niveles de información: tipografía, tamaños, colores, distribución del texto en la página...
  • Calidad de los elementos gráficos: fotografías, dibujos, esquemas, diagramas, gráficos... En este aspecto deberán vigilarse la legibilidad, la calidad de las imágenes y la claridad de esquemas y gráficos.
  • Presencia de herramientas de consulta: instrucciones, guías de uso, glosarios, sumarios, índices de materias, de autores... Todas estas herramientas facilitarán un uso autónomo de la obra en función de muy diversas necesidades informativas.
  • Integración adecuada de elementos textuales, gráficos y otras herramientas de consulta, posibilitando diferentes itinerarios de lectura.
  • Calidad de las traducciones en cuanto al texto y a otras posibles adaptaciones del contenido en función del contexto en que se creó la obra.

Como sucede con cualquier lectura que esté al alcance de nuestros hijos, es necesario analizar los libros informativos en todos estos aspectos, así como realizar varias consultas según los posibles usos que de ellos puedan realizar. El asesoramiento profesional será igualmente útil y orientador en la selección de estas obras.

Los niños, las niñas y los adolescentes se manejan con mucha facilidad en estos medios, ¿verdad?
pda

A pesar de la facilidad que tienen los niños en el manejo de las herramientas digitales, el acceso competente a los textos en estos medios no es sencillo. No es tan obvio saber qué términos emplear en una búsqueda, o cómo elegir la mejor opción en el listado que obtenemos, o de qué manera reconocer la fiabilidad de una información frente a otras.

Hay estudios que muestran cómo no solo los más pequeños tienen dificultades para afrontar la lectura de este tipo de textos, sino que también los adolescentes encuentran problemas para comprenderlos.

En algunos casos, pueden desorientarse, tener bloqueos o sobrecarga cuando la información no está claramente jerarquizada. En otros, no reconocen las diferencias entre información y anuncios, al menos en ciertos entornos. Hay quienes encuentran dificultades para identificar la consistencia del contenido, porque suelen conceder más importancia a los aspectos formales —como la calidad gráfica—, que a la fuente o a la procedencia del contenido. En general, si no localizan algo, no persisten, abandonan y buscan otro sitio.

No hay que confundir facilidad en el manejo de las herramientas con competencia para afrontar la lectura comprensiva de gran parte de los textos que están a su alcance. Aprender a ser capaces de localizar información, seleccionarla, evaluarla e integrarla en sus producciones es un proceso largo, que debe ser sistemático y para el que los niños y los adolescentes necesitan ayuda.

IDWP:[417]

¿Qué tienen que aprender nuestros hijos para ser lectores competentes en la Web?
Niño leyendo en la web

Hay muchos aprendizajes que deben realizar vuestros hijos desde pequeños para irse formando como lectores de los textos digitales. Algunos de ellos pueden comenzar pronto y otros están relacionados con actividades que realizarán más tarde (por ejemplo, búsquedas de documentación, trabajos de investigación...).

Cualquier lector competente en la Web tiene que poder manejarse en situaciones muy diversas, como las que se describen:

  • Aprender a marcarse objetivos de lectura concretos y tener la curiosidad para explorar caminos diversos que permitan resolverlos.
  • Ser consciente de la naturaleza fragmentaria y desestructurada de la información.
  • Elegir la estrategia de lectura más conveniente para cada situación (lectura profunda y completa del texto; lectura rápida y superficial...).
  • Saber interpretar los formatos y los códigos propios de los textos digitales (las opciones de los menús, el distinto valor de los enlaces...).
  • Hacer un uso apropiado de las herramientas para explorar los textos (por ejemplo, las búsquedas dentro del texto, los mapas o los índices...).
  • Estar familiarizado con los textos multimedia que integran distintos lenguajes (texto escrito, vídeo, audio...), con sus códigos y sus características.
  • Ser capaz de manejar textos formados por combinaciones de distintos textos (por ejemplo, un texto de información, una entrevista a un experto, un glosario de términos...).
  • Poder evaluar la fiabilidad de la información; preguntarse por la procedencia del contenido y saber cómo localizarla.
  • Realizar con soltura las operaciones implicadas en la navegación.
  • Tomar conciencia del proceso que cada uno sigue en los distintos pasos de acceso a la información (buscar, seleccionar, evaluar, procesar, reelaborar...) y ser capaz de aplicarlo y mejorarlo en otras situaciones.
  • Tener una disposición favorable para participar y cooperar en proyectos en colaboración.
  • Seguir las normas habituales de "buena educación" en Internet (lo que se ha llamado netiqueta).

Parte de estos aprendizajes comenzarán muy pronto, pero muchos de ellos se prolongarán a lo largo de toda la escolaridad de vuestros hijos. Porque solo si son capaces de emplear con seguridad este conjunto de habilidades, la lectura será un proceso activo, crítico y controlado por ellos.

¿Podemos ayudar desde casa?
CASA

Hay numerosas oportunidades para contribuir a formar lectores competentes y críticos en la Web. No hay que dejarse llevar por la aparente facilidad que tienen los niños para manejar estos medios, porque la comprensión de los textos digitales les plantea dificultades en las que pueden necesitar ayuda.

Algunos consejos:

  • Anticiparse. Es recomendable que los padres conozcan o estén familiarizados con los sitios que suelen emplear los niños o los adolescentes. Ellos tienen sus favoritos, que visitan frecuentemente, pero pueden estar abiertos a alguna sugerencia nuestra. Por otro lado, si estamos habituados a consultar espacios para ellos, estaremos en mejores condiciones de resolver las dudas que puedan surgir.
  • Acompañar, navegar juntos. Hay ciertos hábitos y dificultades que no conoceremos si no estamos cerca de ellos cuando navegan. Podemos aprovechar cualquier momento relajado para proponerles hacer algo juntos en la Web.
  • Hacerse preguntas en voz alta. Cuando naveguemos con ellos, puede ser útil formularles algunas preguntas. No se trata solo de saber si conocen la respuesta, sino de que se habitúen a hacerse preguntas semejantes cuando naveguen solos (¿quién habrá escrito esto?, ¿a quién se dirige?, ¿será cierto este dato?, ¿en qué otro lugar podemos averiguarlo?...).
  • Tener normas. Es necesario que entiendan que la navegación y la comunicación por Internet se rigen por convenciones que conviene respetar y que no siempre son explícitas. Comentar estas normas en situaciones concretas en las que son necesarias (cuando navegamos, escribimos, hacemos consultas...) es la mejor forma de que las conozcan y las empiecen a poner en práctica.
  • Tomar la iniciativa. No siempre hay que esperar a sus dudas, hay numerosas disculpas que podemos aprovechar para utilizar estas herramientas y practicar sus habilidades: organizar una excursión, preparar las invitaciones de cumpleaños, elegir un libro o un regalo para amigos, hacer pequeñas investigaciones sobre sus temas favoritos, aprender algo sobre la última película, organizar el campamento de verano... En todas ellas tendrán que actuar como lectores y escritores electrónicos.
¿Los libros de imágenes ayudan a leer?
Jirafa

Leer es buscar significado e interpretar un escrito. Entonces, ¿hablamos de lectura solo cuando hay algo escrito? Fijémonos en las habilidades que ponemos en funcionamiento cuando tratamos de leer imágenes y veremos su utilidad en la lectura.

Cuando los niños leen una imagen deben identificarla, aislándola del resto («¿Cuál es el perro?»); tienen que reconocerla como signo de lo representado («Esto es un perro» ); deben conocer las funciones del objeto representado, pudiendo fantasear incluso sobre ellas («¡Uy, que me muerde!»).

En cierto modo, procesos semejantes a estos intervienen en la lectura de textos escritos, y existen libros preparados para favorecer su desarrollo. Se trata de los imaginarios, abecedarios, libros con argumento mínimo, libros de conocimientos y álbumes.

Son libros que básicamente contienen imágenes, con muy poco texto, y que resultan muy útiles para aprender a leer imágenes y textos. Además, si somos cuidadosos en su elección, tienen otro cometido importante: la educación estética y la introducción al mundo de los libros y de la literatura. Conviene ponerlos al alcance de los niños desde edades muy tempranas.

Además son un buen apoyo para leer con ellos. Nos pueden servir para: conversar, despertar su curiosidad, enseñar a leer imágenes, aprender nuevas palabras, contar historias, enseñarles a distinguir los dibujos de las letras, mostrar cómo y dónde se lee, enseñarles cosas sobre el mundo que les rodea, ayudarles a construir un relato, educar su sentido estético, despertar el amor por los libros y otras mil cosas que se nos puedan ocurrir...

IDWP:[44]

¿Cuándo se empieza a leer?
Niño leyendo

No se puede indicar un momento exacto para el comienzo de la lectura. En realidad, todo empieza cuando los niños intentan entender textos de uso habitual: carteles, etiquetas, anagramas... Los escritos son objetos que están presentes en su entorno y, desde muy pronto, niños y niñas tratan de interpretarlos. A leer se empieza cuando se empieza a buscar significado en un texto.

Los niños comienzan a acercarse a la lectura, sobre todo, cuando ven leer a los más próximos. Si nos ven leer habitualmente a los mayores, si nosotros les estimulamos para que presten atención a los escritos, pronto empezarán a hacernos preguntas. Mediante estas preguntas están intentando obtener dos tipos de conocimientos: por una parte, conocer el significado de las palabras (¿ahí qué pone?) y, por otra, saber cómo se lee (¿qué letra es esa?). En este momento podemos decir que el aprendizaje de la lectura ha comenzado.

IDWP:[40]