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El placer de la lectura se contagia leyendo juntos. Leamos cuentos, novela, cómics, en Internet...

Con la lectura en voz alta y con los relatos orales estamos invitando a niños y no tan niños a descubrir los mundos maravillosos creados por la literatura.

Debemos proporcionarles la ocasión de conocer la lengua que aparece en los escritos, cómo se escribe y qué lenguaje van a encontrar en los libros.

La práctica de la lectura requiere un clima agradable, relajado.

Cuando surjan problemas de comprensión, si es necesario, adaptemos lo que leemos haciéndonos entender, siempre que no alteremos el texto.

Es importante seguir apoyando a los hijos cuando crecen, buscando nuevas formas para orientarles y acompañarles en su formación como lectores.

No se puede amar lo que se desconoce. Si los niños no están en contacto permanente con los cuentos, si no dedicamos un rato todos los días a leer, si no les hemos contado las historias fantásticas de nuestra infancia, si no hemos leído en voz alta los relatos más emocionantes..., es difícil que niños y jóvenes puedan apreciar el placer de la lectura.

Desde edades tempranas debemos favorecer el contacto de niños y niñas con la literatura por medio de una gran variedad de textos: cuentos, poemas, canciones, retahílas... La lectura compartida puede ser una de las mejores formas de hacerlo: el relato oral o la lectura en voz alta, con el libro presente, serán momentos idóneos para descubrirles los mundos imaginarios de los cuentos.

Con nuestros relatos les acercaremos al contenido del texto –a la emoción, a la diversión o al miedo–, y así aprenderán algunas pautas para la construcción de un texto escrito. Mediante la lectura en voz alta podemos incidir en que, además de la historia, es interesante fijarse en la manera en que está escrita, en el lenguaje que se utiliza.

En los momentos de lectura compartida debemos crear un clima agradable y relajado, centrado en los textos, en lo que se dice y en cómo se dice. En todo momento, se ha de prestar atención a las dificultades que puedan encontrar con ciertas formas de expresión o con el uso de términos poco familiares. En estas situaciones, se pueden buscar palabras o formas próximas que faciliten la interpretación.

En todo caso, es aconsejable acompañar la lectura o el relato oral de algún juego: modular la voz para distintos personajes, simular efectos de sonido, invitar a los niños a que participen y repitan con nosotros... Todos estos recursos contribuirán a que los niños sientan la lectura como una actividad especial, de emoción y juego, que siempre apetecerá repetir.

Cuando los niños crecen, o en la adolescencia, es fundamental mantener el apoyo y el seguimiento de los hijos desde la familia. En estas edades podemos sugerirles nuevas lecturas en relación con sus temas favoritos o con sus aficiones; podemos proponer, sin imponer, nuevos libros; podemos hacerles partícipes de alguna de nuestras lecturas; podemos sugerirles que nos acompañen a la biblioteca o a la librería...