Serie Alfabetizaciones (II): Alfabetización Cultural

19/11/2015 - Blog, Etiquetas , alfabetización

En el artículo anterior definimos la alfabetización básica como la acción que resulta de enseñar a alguien a leer y escribir. Sin embargo, no solo hay que conseguir desarrollar estas dos destrezas de la competencia lingüística comunicativa, sino que, también, para comunicar es necesaria una extensión de la comprensión de los textos, es decir, es necesaria la interpretación. ¿Cómo conseguimos interpretar textos y localizar intenciones en los mismos? Mediante la ejercitación de la lectura y de la escritura, ya que asimilamos conocimientos que dan forma a nuestro pensamiento.

De acuerdo con lo anterior, en el proceso de alfabetización existe una evolución en la que la alfabetización básica da un paso más para convertirse en una alfabetización cultural, en la que tanto las habilidades de lectura y escritura como la habilidad de comunicación son imprescindibles. El término cultura, de origen latino, es utilizado como cultura animi, entendida como desarrollo de las facultades espirituales del hombre y, en especial, del intelecto. Recurriendo a la Semiótica, ciencia que estudia los signos que permiten la comunicación entre las personas, la cultura es un conjunto de sistemas que hacen posible la organización, convivencia y cohesión entre los miembros de una determinada sociedad. Dentro de estos sistemas o códigos constituyentes de la cultura, la lengua (oral y escrita) ocuparía un lugar prioritario al desempeñar la doble función de vehículo transmisor de esa cultura y de intérprete de los demás sistemas constituyentes de la misma. Gracias a estos sistemas, especialmente a la lengua, la realidad del mundo resulta inteligible a los miembros de una sociedad. Por otro lado, actualmente se entiende que la capacidad de comunicación está ligada al proceso de alfabetización, ya que a través del acto de comunicar se construye un conocimiento mutuo, aparte de incorporar al hombre a la sociedad mediante interlocución.

Por lo tanto, la asimilación de conocimientos mediante la lectura y, en general, mediante la enseñanza, da paso a una experiencia que podrá surgir en una determinada situación comunicativa y que, a su vez, nos permite comprender el mundo que nos rodea y convivir en sociedad. Como afirma Y.M. Lotman, lingüista y semiólogo ruso, la cultura crea alrededor del hombre una socioesfera que hace posible la vida de relación.

Desde que nacemos, estamos expuestos al conocimiento y a la interacción. En un principio, no importa si no sabemos leer ni escribir, pero sí deseamos comunicarnos, por lo que nuestra alfabetización cultural comienza en nuestros primeros años de infancia. La adquisición del lenguaje es el primer ejemplo de aprendizaje temprano con el apoyo del entorno del niño. Howard Gardner, en su libro La mente no escolarizada, explica cómo aprenden los niños fuera y dentro del ámbito de la escuela dependiendo del entorno familiar y cultural y de las instituciones educativas. Entre otros aspectos, afirma que el niño quiere hablar y comprender el lenguaje porque es el modo cultural y natural de continuar las conversaciones que se le ofrecen. Además, a partir de estas primeras interacciones, el niño mostrará nuevas formas de conocimiento que surgirán en interacciones habituales en la cultura y en la escuela. Todas ellas, irán conformando lo que se ha dado en llamar “comprensiones intuitivas” acerca del mundo que les rodea, elaborando ya teorías coherentes desde los 5 años.

Finalmente, la importancia de la alfabetización cultural cobra aún más sentido desde que en la segunda mitad del siglo XX vivimos en la denominada 'Sociedad de la Información', en la que el tratamiento de la información y el uso de las nuevas tecnologías han creado las llamadas alfabetización mediática, informacional y digital, todas ellas incluidas en la alfabetización cultural.