Cada 23 de abril se conmemora a nivel internacional el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, una efeméride que va más allá de su valor simbólico para consolidarse como una invitación activa al compromiso educativo y cultural. La elección de esta fecha responde a su coincidencia con hitos relevantes en la historia de la literatura universal. Lo que en su origen fue una iniciativa promovida por la UNESCO para rendir homenaje a figuras como Cervantes, Shakespeare o el Inca Garcilaso de la Vega, ha evolucionado hasta convertirse en 2026 en una plataforma global que impulsa la diversidad cultural y el acceso equitativo al conocimiento.
Desde 2001, las ciudades designadas como Capital Mundial del Libro por la UNESCO asumen el compromiso de promover el libro y la lectura entre todos los públicos, tanto a nivel local como internacional. Estas ciudades se convierten en puntos estratégicos de encuentro cultural y desarrollan programas de actividades que prolongan la celebración a lo largo de todo el año. En este marco, Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, anunció la designación de Rabat (Marruecos) como Capital Mundial del Libro 2026, en reconocimiento a su apuesta por la promoción de la lectura, el fortalecimiento de su sector editorial y sus iniciativas para reducir el analfabetismo, especialmente entre mujeres y jóvenes.
En el contexto actual, esta efeméride mantiene intacta su vigencia como mecanismo de fomento del acceso al saber y de fortalecimiento de la pluralidad cultural. Asimismo, la defensa de los derechos de autor se mantiene como un pilar esencial para asegurar el reconocimiento y la protección de la creación intelectual en entornos analógicos y digitales.
Las instituciones educativas y culturales desempeñan un papel fundamental en esta conmemoración mediante la organización lecturas públicas, encuentros literarios y propuestas digitales. En consonancia con estas iniciativas, el Ministerio de Cultura, entre otras actividades, ha otorgado el Premio Cervantes 2025 al escritor Gonzalo Celorio, un reconocimiento que no solo distingue la excelencia literaria, sino también la capacidad de una obra para trascender su tiempo, dialogar con su contexto histórico y proyectarse sobre generaciones venideras. Por su parte, la ilustradora Carme Solé i Vendrell, galardonada con el Premio Nacional de Ilustración 2013, ha sido la encargada de diseñar la imagen representativa del Día del Libro 2026.
En relación con el ámbito educativo, los proyectos de innovación pedagógica ponen de manifiesto que la literatura infantil y juvenil constituye un recurso especialmente eficaz para abordar temas de relevancia actual, como la sostenibilidad ambiental, la salud mental o la ética en el uso de la tecnología.
En este sentido, el portal Leer.es del Ministerio de Educación Formación Profesional y Deportes difunde propuestas didácticas sobre escritura creativa que promueven el desarrollo progresivo de la competencia lectora y escritora. Además, los Premios a Planes de Lectura, que en 2025 han alcanzado su cuarta edición, demuestran, entre otros aspectos, que el concepto de lectura amplía su perspectiva para integrar la alfabetización mediática e informacional. Asimismo, desde el ministerio se impulsan otras iniciativas orientadas al desarrollo de la competencia lectora, la lectoescritura y las alfabetizaciones múltiples, como la alfabetización mediática e informacional (AMI) o la alfabetización audiovisual, lo que contribuye al fortalecimiento de la cultura y de la educación.
El Día del Libro se presenta como una oportunidad para ampliar y enriquecer el canon literario, mediante la incorporación de referentes más diversos e inclusivos. En los últimos años, se ha intensificado el interés por recuperar el legado de autoras y colectivos históricamente menos visibilizados. Con tal propósito, desde Leer.es también se promueve el proyecto de las Sinsombrero, cuya contribución no ha sido reconocida al mismo nivel que la de sus contemporáneos de la Generación del 27.
En 2026, un año más, esta celebración invita a reconocer que la lectura sigue siendo una herramienta fundamental para comprender y transformar la realidad. Ya sea a través del libro impreso, de los soportes digitales o de las prácticas creativas en el ámbito educativo, leer sigue constituyendo el punto de partida para la formación de ciudadanos críticos, informados y comprometidos con su entorno. Porque, con independencia del formato, la lectura permanece como una forma privilegiada de pensamiento.




